Platicando con un maestro de la ENSM sobre el pobre desempeño académico de los doctorados, me contestaba: “Te olvidas que las maestrías y doctorados no quitan lo pendejo, lo que hacen es certificarlo”.
La necesaria solidaridad con nuestros hermanos trabajadores electricistas del SME debe ser reforzada, por ello invitamos a todos los lectores de Comunidad Normal Superior México, no sólo a apoyarlos verbalmente o con declaraciones, olvidando que son miles de familias sin ingreso económico y en esta época es cuando más se reciente la falta de un ingreso estable. Los invitamos a acudir directamente a la oficinas del SME a solicitar alguna brigada para botear en sus escuelas o centros de trabajo.
Ya están las campañas pre-presidenciales del metrosexual Peña Nieto y Beltrones, ambos del PRI. Beltrones juega al olvido y promete ser un nuevo presidente del empleo, del primer empleo dice él. Los chuchos-amalios que dirigen el PRD están también en campaña, ahora pensando en apoyar una alianza con el PAN, por ello consideramos útil recordar a Felipe calderón cuando en la campaña electoral se definió como el presidente del empleo. Vaya cinismo del tipo.
Los PANistas han hundido en el caos económico, en la inseguridad y la crisis al país. Los que integran el gabinete son egresados de escuelas particulares, del ITAM, Ibero, Tec de Monterrey, Libre de Derecho, del IPAD, Lasalle, gente que presume maestrías y doctorados y sólo han demostrado su incapacidad. Son estos tipos los que hablan sin vergüenza alguna de que la educación pública esta no sirve y los maestros deben ser evaluados. Pero mejor vean el video y después platicamos.
OJO POR SI ACASO, NO SE DEJEN, PERO SEAN RESPONSABLES
ES MEJOR NO MANEJAR CUANDO SE BEBE ALCOHOL.
RECUERDA: ¡SI TOMAS NO MANEJES!
Primero que nada, debes saber que el límite permisible en México es de 4.0 (el internacional es de 6.0).
Supongamos que te tomaste una copa de vino y un tequila, y te comiste unos tacos. Vas manejando, te toca el alcoholímetro, y por decente y honesto, les dices lo que bebiste. He aquí lo que sucede a continuación:
1.- Con actitud de "gañán mal amaestrado" el encargado te pide que te bajes de tu auto.
2. Frente a ti, abre un empaque sellado y saca una boquilla nueva que coloca en el medidor.
3. Te pide que soples. (Para el ejemplo aquí mencionado, digamos que 1 tequila + 1 copa de vino + tacos = aprox. 1.8 de medición). MUCHO OJO, como saben que la gente se pone nerviosa, estos cabr... se aprovechan y...
4. Te pide que soples de nuevo. NO LO HAGAS, porque si vuelves a soplar, los primeros gases que emitiste se acumularán a tu segundo soplido y la medición será ahora de aprox. 3.6
5. Te pide que soples otra vez, si lo haces, entonces el aparato marcará 5.4
6. Imprime el ticket que emite el aparato, y con ello construyeron, ipso facto, "pruebas" que demuestran que te pasaste del límite permitido.
Con el ticket impreso, ya valiste, porque te acabas de ganar unas vacaciones de 36 horas en "El Torito". Claro que puedes pagar un amparo de $3,000 pesos para salir rápido, ---pero eso NO te exime de tener que regresar a cumplir la totalidad de tus 36 horas---. Al investigar un poco sobre la
"Inducción a las sanciones administrativas" resulta que:
NADIE ESTÁ OBLIGADO A SOPLAR MÁS DE UNA VEZ...y mucho menos con la misma boquilla.
En todo caso tienen que abrir una nueva boquilla para no acumular medidas. Pero recuerda sólo pueden pedirte que soples UNA VEZ.
Este martes 7 de diciembre de 2009 a las 19 horas en el Foro de la librería Gandhi se presentara un excelente libro del ilustre maestro universitario Octavio Rodríguez Araujo, “LA IGLESIA CONTRA MÉXICO. Libro que no debe faltar dentro del plan de lectura de ningún normalista.
Por ello Comunidad Normal Superior México les hace la cordial invitación, ya que el tema central es usualmente poco tratado con la seriedad y con el manejo exacto y oportuno de las fuentes que caracterizan a Rodríguez Araujo. Con la pretendida reforma al artículo 3° Constitucional, ya aprobada el año pasado 11 de diciembre de 2009 por los diputados y que sólo espera la aprobación por los senadores en donde se autorizara la impartición de temas religiosos en las escuelas; o como dice el Profr. José T. Cardoza, el diablo vuelve a las escuelas. Esta reforma se aprecia con toda claridad en la fracción I del proyecto aprobado por nuestros diputados.
Escuchar de viva voz al Maestro Octavio, reconocido científico social, intelectual de recta trayectoria y participante en la lucha de liberación de la clase trabajadora, y defensor consecuente de la educación pública, es una oportunidad que no podemos perdernos.
Recuerden: Martes 7 de diciembre a las 19 horas, en el Foro de la librería Gandhi, ubicada en Miguel Ángel de Quevedo 121, a un costado de metro Miguel Ángel de Quevedo.
BREVE RESEÑA DEL LIBRO “LA IGLESIA CONTRA MÉXICO”
De las iglesias que existen en el país, la católica es y ha sido, sin duda, la más influyente y beligerante. Su predominio se ha hecho presente por cinco siglos y jamás ha cejado en su empeño por vulnerar el laicismo del Estado mexicano. No puede evitarse su identificación, con notables excepciones de algunos de sus miembros, con las fuerzas más conservadoras y de derecha, tanto nacionales como extranjeras. Así ha actuado siempre y nunca como institución con las causas y sentimientos populares. La intolerancia ha sido uno de sus distintivos sobresalientes y ha intentado, por todos los medios imaginables, imponer los valores del Vaticano (donde descansa su jefatura mundial) en todos los ámbitos en donde se le ha permitido entrar. Los autores de este libro tratan y comentan en sus textos, imágenes o encuestas diferentes expresiones de la Iglesia católica sobre diversos temas que han tenido y tienen importancia en la vida del país: el laicismo, las libertades de expresión y de organización, los derechos de las mujeres y el aborto, la homosexualidad, la ciencia, la democracia, la política y el poder, el narco y hasta el uso político de la religión. Con este libro, para todo público y no sólo para especialistas, se intenta animar el debate sobre estos candentes temas, dando argumentos y puntos de vista que ni siquiera la Iglesia podrá soslayar...
LA IGLESIA CONTRA MÉXICO
Dr. Octavio Rodríguez Araujo
Martes 7 de diciembre 19 horas
Foro de la librería Gandhi, ubicada en Miguel Ángel de Quevedo 121, Colonia Guadalupe Chimalistac, México, D.F., a un costado de Metro Miguel Ángel de Quevedo de la línea 3 del Metro.
Entrada libre
Para mayor información del autor les invitamos a consultar el sitio web del autor: http://www.rodriguezaraujo.unam.mx/iglesiacontramexico.html
En el Capítulo VIII del libro, “México Insurgente”, escrito por John Reed, describe lo que se conoce como el “El sueño de Pancho Villa”, que ilustra la mentalidad del revolucionario mexicano y su deseo de convertir al país en una gran comunidad de trabajadores. Unos en el campo, otros en la ciudad; pero todos produciendo, trabajando, “porque el trabajo así produce buenos ciudadanos”.
José Doroteo Arango Arámbula, mundialmente conocido como Pancho Villa, o el Centauro del Norte, fue un campesino, proscrito por las autoridades y fugitivo de la “justicia”, trabajo de albañil, minero, carnicero, comerciante, guerrillero y general de la División del Norte. Personaje ilustre, hombre de palabra, recto en el actuar, admirado como pocos por el pueblo humilde y trabajador; despreciado por los ricos y difamado por las víboras de la ultra derecha, unidos a los herederos de los hacendados porfiristas, los descendientes de los Terrazas y de los Creel, políticos y terratenientes enemigos de la clase trabajadora.
Sirva este texto para ilustrar y desmentir las falsas acusaciones de que Pancho Villa no sabía ni por que luchaba. Claro que sabía. Tal vez no tenía la soltura de un intelectual para escribir; pero con sus actos, con sus hechos era más claro y honesto que muchos de los que hoy lo critican o mal gobiernan el país. Hechos son amores, y las palabras se las lleva el viento.
Las primeras acciones que tomaba al llegar a un pueblo era ordenar que los alimentos llegaran a toda la población, abría escuelas y hospitales, y procuraba que los hombres que no tenían que combatir tuvieran en que ocuparse. Por eso el pueblo de México, el pueblo trabajador lo admira y no permite se borre su memoria como lo intentaron los gobiernos del PRI en Chihuahua, y en especial en Parral, lugar donde nací. Fue la lucha del pueblo que obligó al gobierno a retirar la campaña de infamia y a reconocerlo como el héroe que fue. Por eso hoy se celebran en mi tierra, en Parral, Chihuahua, las JORNADAS VILLISTAS. Por eso en el museo de Pancho Villa, está escrita con letra grande, enorme, el sentir del pueblo trabajador honesto: “Si bien la historia la escriben los vencedores, la leyenda la escribe el pueblo”
Cercano al 20 de julio de cada año se realizan las cabalgatas villistas desde el Paso, Texas, en el extremo norte del Estado, cruzan el puente para llegar a Juárez y desde ahí a Canutillo paso previo antes de llegar a Parral, al extremo sur del Estado, limítrofe con el Estado de Durango. Llegada la caravana Villista a Parral, en el mismo sitio donde fue asesinado, se representa la muerte de Villa. En el Hotel Hidalgo, también conocido como el Hotel de Villa, se realizan lecturas de textos, conferencias, proyecciones, etc. Toda la ciudad con grandes bailes, presentación de artistas, una auténtica fiesta popular, alegre, rebelde, orgullosa. Una festividad que influye en todos los pueblos y ciudades cercanas, en donde también se realizan actos cívicos para honrar la memoria del revolucionario que personifica lo mejor del movimiento revolucionario mexicano.
Pero mejor reproducimos el texto del periodista, escritor y activista nacido en Estados Unidos y egresado de la universidad de Harvard, John Reed. Uno de los pocos cronistas presenciales de la Revolución Mexicana
No deja de ser interesante conocer el apasionado ensueño, la quimera que anima a este luchador “ignorante," que no tiene bastante educación para ser presidente de México. Me lo dijo una vez con estas palabras:
"Cuando se establezca la nueva República, no habrá más ejército en México. Los ejércitos son los más grandes apoyos de la tiranía. No puede haber dictador sin su ejército. Pondremos a trabajar al ejército. Serán establecidas en toda la República colonias militares, formadas por veteranos de la revolución. El Estado les dará posesión de tierras agrícolas y creará grandes empresas industriales para darles trabajo. Laborarán tres días de la semana y lo harán duro, porque el trabajo así produce buenos ciudadanos. En los otros días recibirán instrucción militar, la que a su vez, impartirán a todo el pueblo para enseñarlo a pelear. Entonces, cuando la Patria sea invadida, únicamente con tomar el teléfono desde el Palacio Nacional en la ciudad de México, en medio día se levantará todo el pueblo mexicano de sus campos y fábricas, bien armado, equipado y organizado para defender a sus hijos y a sus hogares. Mi ambición es vivir mi vida en una de esas colonias militares, entre mis compañeros a quienes quiero, que han sufrido tanto y tan hondo conmigo. Creo que desearía que el gobierno estableciera una fábrica para curtir cueros, donde pudiéramos hacer buenas sillas y frenos, porque sé cómo hacerlos; el resto del tiempo desearía trabajar en mi pequeña granja, criando ganado y sembrando maíz. Sería magnífico, yo creó, ayudar a hacer de México un lugar feliz.
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Por qué estoy a favor de Zapata*
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Estoy a favor de Zapata. No a favor de Zapata como persona —no estoy a
favor de hombre alguno como persona—, sino de las cosas y la gente que
defiende Za...
orgullosamente ajeno al falso puritanismo academicista que sirve de mascara, de escudo, a un apoliticismo que justifica con el silencio cómplice, “apartidista”, la política neoliberal que atenta contra los derechos del pueblo a la educación científica, laica, gratuita y critica. heredero y continuador de la revolución mexicana
¿POR QUÉ SOCIALISMO? Durante décadas los guardianes del sistema capitalista han creado una imagen falsa del llamado genio de la humanidad, Albert Einstein: Lo presentan como un científico ajeno a la sociedad y a la política. Esto conviene a muchos intelectuales que pretenden justificar su “apoliticismo” diciendo de manera tramposa que ellos son científicos y por lo tanto apolíticos. Nada más lejano a la verdad. No hay ciencia que sea ajena a la sociedad, no hay ciencia imparcial. Reproducimos a continuación un artículo de Einstein que responde a la pregunta ¿Qué hacer para resolver los problemas de la humanidad? Su respuesta es clara y contundente, totalmente ajena al apoliticismo ramplón: El Socialismo. "¿Por qué socialismo?", artículo redactado de puño y letra por Albert Einstein fue publicado en 1949 en Monthly Review en New York cuando todavía vivía, y responde a los problemas sociales con magistral sabiduría, en momentos en que el capitalismo enseña toda su podredumbre y está en crisis mundial.
¿POR QUE SOCIALISMO? ¿Debe quien no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que sí. Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no haya diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil porque la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana —como es bien sabido— ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social. Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó «la fase depredadora» del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro. En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por sí mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y —si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos— son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad. Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: «¿Por qué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?» Estoy seguro de que hace tan solo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida? Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples. El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente la existencia de estos diferentes y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto «sociedad» significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por sí mismo; pero él depende tanto de la sociedad —en su existencia física, intelectual, y emocional— que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la «sociedad» la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra «sociedad». Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido —exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral han hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos. El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos. Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos —que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos— en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es solo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo. Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad. La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo —no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción —es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional— puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares. En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré «trabajadores» a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción — aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es «libre», lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto. El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos. La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de «contrato de trabajo libre» para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo «puro». La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un «ejército de parados». El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a esa amputación de la conciencia social de los individuos que mencioné antes. Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura. Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males: el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual. Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?