Estaba Calderón hablando en el Zócalo capitalino, y de pronto se aparece Jesucristo bajando lentamente del cielo.
Se pone a un lado de Felipe Calderón y le susurra algo al oído.
Entonces, Calderón dirigiéndose a la multitud, dice:
-Queridos mexicanos por haber salvado al mundo de la influenza, Jesucristo, mandado por su padre que es Dios, me ha escogido como su interlocutor en el mundo, a mí, ¡sí, a mí!, por ser tan buen creyente y estar alejado de las drogas...
-Perdón, creo que Jesús nos, quiere decir algo.
Jesucristo toma el micrófono y dice:
Habitantes de este maravilloso país: ¿No es cierto que así como yo multipliqué el pan y los peces para dar de comer a todos, este hombre les prometió multiplicar el trabajo para que a nadie le faltara el pan?
El pueblo responde: - Sí!!
¿No es cierto, que al igual que yo anduve entre los fariseos, él se hace acompañar por su gabinete de ladrones, estafadores y pendencieros, cual vil pandilla?
El pueblo nuevamente responde: - Sííííííí…!!
¿No ha vendido la riqueza petrolera, como yo fui vendido por Judas?
El pueblo frenético responde: - Sííííííííííííí…!!
¿Es verdad, que a él se le conoce como el presidente del empleo y las manos limpias, como a mí se me conoció como El Mesías?
El pueblo responde (ya enloquecido y emocionado):SÍIIIIIIIIIIII!!!!!!!!!!!!!...
Entonces, ¿qué esperan para crucificar a este hijo de la CHINGADA???
UNA CORTINA DE HUMO PARA OCULTAR LOS IMPUESTOS Y CARESTÍA
Gran escándalo está armando la derecha conservadora, pero a este escándalo también contribuye la derecha neoliberal empresarial y política para desviar la atención y tender una cortina de humo por la masacre que pretende realizar en 2010 contra el nivel de vida y los derechos de los trabajadores del campo y la ciudad.
Necesario es frenar esta ofensiva mediática y la cortina de humo. La ofensiva denigrante de la derecha conservadora y neoliberal continuara todo el nuevo año de 2010, por ello, los trabajadores y la resistencia debemos marcar claramente nuestra posición clasista, que es ajena a la hipocresía y “puterias” de los religiosos y de los “juegos” de los políticos neoliberales. Nuestra tarea prioritaria es organizar la resistencia, pero no por ello, dejaremos de dar nuestra opinión sobre temas sociales relevantes, que insistimos, no son los prioritarios para la lucha de los trabajadores por una sociedad más justa.
La existencia de parejas homosexuales es un hecho real y existente, y el reconocimiento de su existencia jurídica es un paso necesario. Una hipócrita y falsa moral religiosa que prohíbe los matrimonios a sacerdotes y monjas, fomenta las “puterias”, abusos sexuales contra menores niños y niñas, violaciones, matrimonios ocultos, cometidos no sólo por sacerdotes, monjas, sino también por jerarcas de las iglesias. Todo ello esta documentado en la prensa nacional e internacional. Con esta doble y falsa moral, la iglesia como institución humana pretende imponer una moral que ni ella misma respeta, por lo cual le exigimos guardar prudente silencio y empezar por castigar a los curas pederastas.
Esa iglesia cómplice, que guarda $ilencio ante la muerte infamante de 49 niños en la guardería ABC de Hermosillo, Estado de Sonora, menores hijos de trabajadores que murieron en la más tremenda agonía. Esa doble e hipócrita conducta de la iglesia-institución por el homicidio de 49 infantes y lesiones permanentes de más de 60 más, hoy arma tremendo escándalo por el reconocimiento de derechos jurídicos básicos. Esa misma iglesia-institución cómplice, da la bendición a la novia más cara de México, la “gaviota” (Angélica Rivero) de Peña Nieto, que será mucho más cara como esposa, a cota del presupuesto y de los impuestos que pagamos los trabajadores de la ciudad y del campo, noviazgo impulsado mediáticamente para tapar el rumor de una doble sexualidad.
LA SEMÁNTICA AUTORITARIA DE “LA IGLESIA”
Rubí de María Gómez Campos *
México, DF, 29 dic. 2009 (CIMAC).- Como una “estupidez” calificó el señor Onésimo Cepeda la aprobación de matrimonios homosexuales por parte de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Los dirigentes del catolicismo mexicano, envanecidos por la serie de logros en su dinámica de intromisión en la vida política del país, se muestran ofendidos por un hecho tan natural como reconocer legalmente la existencia de parejas homosexuales; al extremo de replantear definiciones del mundo cuya extraña semántica sólo se comprende bajo una perspectiva autoritaria, hipócrita y obscena, como les es común.
Extender a las parejas homosexuales los derechos sociales garantizados al resto de la ciudadanía significa solamente respetar de hecho la condición humana y reconocer, también de derecho, la dignidad que caracteriza a cualquier individuo, independientemente de su condición social, civil y de la orientación sexual que lo caracterice. Pero en su afán por definir no sólo los criterios morales que guíen a su feligresía, sino también los criterios legales que guíen a toda la ciudadanía, se atreven a decretar para otros valores que ellos mismos se niegan a respetar y a atribuir pecados que ellos no se cansan de cometer.
Los “logros” políticos que los jerarcas católicos han alcanzado, gracias al contubernio que le asegura al PRI su retorno al poder en el 2012, se traducen en la imposición de criterios morales del ámbito privado de su religión al espacio público de la vida social.
En este caso, ya han logrado imponer al estado laico criterios particulares de una religión cada vez más disminuida, limitando a las mujeres de 18 estados la posibilidad de decisión sobre su propio cuerpo. Ahora les escandaliza la posibilidad del matrimonio entre personas del mismo sexo y sobre todo la nueva forma de la adopción legal que la ley les ofrece.
Sin ningún aprecio por la condición de amor y desconsiderando la solución que esta posibilidad de adopción ofrece a niños y niñas desamparadas, para las cuales no hay hogares disponibles ni personas dispuestas a brindarles los recursos necesarios para una subsistencia feliz, la alta jerarquía eclesiástica se mantiene en una posición de condena total a una forma de amor y convivencia capaz de abrir su corazón a formas múltiples de relación humana.
Desde una postura discriminatoria y homofóbica (que es por cierto ilegal en una sociedad democrática, en cuya Constitución se establece el principio de no discriminación), el señor Norberto Rivera sostiene una noción de “bien común” que excluye al gran número de homosexuales que conforman parte importante de la ciudadanía (ciudadanía que también paga impuestos y cumple los preceptos de la vida social, en muchas ocasiones más y mejor que ellos si nos acordamos de los atentados a la infancia que sistemática e internacionalmente cometen, cubren y protegen con cinismo; desde el más alto nivel).
En las serias palabras y en los graves actos de los representantes de la “santa iglesia” no ha cabido el amor y el perdón y la caridad están ausentes. No la lascivia y la concupiscencia; que tienen reservado un lugar especial, sólo para ellos. Aludiendo a un supuesto daño a la infancia (a la que muchos de ellos no se han detenido en lacerar directamente, con abusos sexuales) y quejándose de que los legisladores del PRD no hayan consultado a la sociedad (de la misma manera que no se consultó en los 18 estados en donde fue aprobada la ley “antiaborto”), los grupos de ultraderecha promueven y legitiman irresponsablemente conductas criminales en contra de los homosexuales, de la misma manera en que atentan contra la vida de miles de mujeres pobres que tendrán que seguir sometiéndose a prácticas riesgosas, por clandestinas, sobre su cuerpo, su salud y su vida.
Finalmente son precisamente estas prácticas que garantiza la ley en el Distrito Federal (tanto la interrupción del embarazo como el matrimonio entre parejas del mismo sexo y la posibilidad de la adopción) las que permitirán que se efectúe un verdadero cambio de conciencia en toda la sociedad. Sólo cuando las niñas y niños realmente existentes cuenten con los recursos económicos y amorosos de una vida digna, sana y plena, cuya educación esté basada en criterios abiertos de verdadero respeto y sentido de solidaridad, y no en los prejuicios aniquilantes de exterminio del otro por el mero hecho de su diversidad, podremos alcanzar a construir un mundo justo y pleno, solidificado en el amor del que hablaba el iniciador de esa religión.
Son los jerarcas, no los fieles, quienes han cambiado el sentido profundo del amor por actos de negación. Sin cuestionar la violación del cuerpo femenino, según su “santa” lógica: los hijos no deseados (incluidos los que son producto de violación sexual) deben nacer; y aunque nadie los quiera, no deben ser dados en adopción. No promulgan el amor al prójimo sino el rechazo al prójimo que no sea como ellos. Conciben como atentado a sus familias que existan seres que a pesar del rechazo social quieren formar una, y prefieren muertas a las mujeres que disfrutan su cuerpo, antes que aceptar que no cumplan con la función de objeto que le asignan.
* Artículo tomado de la agencia de noticias CIMAC, (Comunicación e información de la Mujer AC). La autora es Académica y ex directora del Instituto Michoacano de la Mujer (IMM).
Comunidad NORMAL SUPERIOR MÉXICO solicita el apoyo y solidaridad de la comunidad normalista nacional para exigir justicia por el crimen de la educadora Flor Alicia Gómez López, que había sido raptada, toturada y violada por un grupo de “hombres” armados y encapuchados.
La profesora de 23 años fue secuestrada el sábado 28 de noviembre cerca de las 3 de la tarde en el entronque de la carretera La Junta-San Juanito-Tomochic, Estado de Chihuahua. La maestra viajaba por carretera con tres miembros de la familia con la que se hospedaba en el pueblo de Tomochic donde trabajaba como educadora en un jardín de niños.
Cuatro sujetos armados les marcaron el alto y tras golpear a los acompañantes huyeron únicamente con la joven en el mismo vehículo.
Se piensa que el crimen fue realizado por uno de los grupos de guardias blancas de caciques y empresarios que actúan impunes y protegidas por los gobiernos federal panista y estatal priísta, ya que la maestra sacrificada era sobrina de Eduardo Gómez, de “El Barzón” y de Alma Gómez Caballero, protavoz de la organización “Justicia para Nuestras Hijas” y el “Centro de Derechos Humanos de la Mujer”, que luchan por el esclarecimiento de las muertas de Juarez.
Es el segundo crimen en menos de una semana que afecta a las organizaciones no gubernamentales de Chihuahua que defienden los derechos de la mujer y de la población pobre. Por ello hoy es más urgente exigir el esclarecimiento del asesinato de Flor Alicia Gómez López, el de los más de 500 feminicidios ocurridos en Juárez durante los últimos 16 años.
Al crimen de sobrina de Alma Gómez se suma el asesinato del yerno de Marisela Ortiz Rivera, fundadora de “Nuestras Hijas de Regreso a Casa” otra de las organizaciones que han denunciado el feminicidio en la entidad. Jesús Alfredo Portillo Santos, de 27 años, alumno de la carrera de Diseño Gráfico de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) fue asesinado a balazos por dos sujetos cuando se encontraba en un establecimiento comercial.
Nuestra compañera asesinada Flor Alicia Gómez López, era activista de la organización “Justicia para Nuestras Hijas” y del “Centro de Derechos Humanos de la Mujer”, y “El Barzón” y por ello se había ganado el repudio de los caciques, empresarios y ultraderechistas que actúan en nombre de la “familia cristiana” explotando, violando y matando a los trabajadores.
La militarización del país para un supuesto combate a la inseguridad es una de las "prioridades políticas" de Felipe Calderón, desplegando más de 4 mil soldados y policías federales en las zonas más “conflictivas” del país, de los 45 mil soldados movilizados unos 8 mil patrullan Ciudad Juárez. Las Organizaciones defensoras de los derechos humanos insistentemente han señalado que los militares en la calle no son la solución, “ahora cualquier hombre armado puede asesinar a una mujer a la hora que quiera” refiriéndose a todos los cuerpos policíacos, paramilitares, etc."
El sector de maestras es uno de los grupos de más alto riesgo y más las maestras rurales que tiene que caminar por largo rato para llegar a sus comunidades a cumplir con su trabajo.
No debemos olvidar que la próxima semana la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitirá la sentencia por tres casos del Campo Algodonero, fallo por los casos de Esmeralda Herrera, Claudia Ivette González y Laura Berenice Ramos, tres de las ocho víctimas de feminicidio encontradas en noviembre de 2001 en el Campo Algodonero de Ciudad Juárez, Chihuahua. "…existen todos los elementos para que el tribunal internacional emita una sentencia condenatoria contra el Estado mexicano por violaciones al derecho a la vida, a garantías judiciales y protección judicial, por transgredir derechos del niño y a la integridad personal, entre otros, señalo Michel Salas Ramírez, abogada del caso, aseveró en entrevista que el fallo contra el Estado mexicano sentará un precedente que obligaría a las autoridades a modificar la Constitución, reconocer públicamente que se violaron derechos humanos, reparar el daño a los deudos y prevenir más feminicidios en el país".
“Esperamos una sentencia condenatoria. La actual administración federal argumenta que se ha esforzado en la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, al igual que gobiernos anteriores, no ha logrado solucionar estos crímenes ni castigar a los responsables, no ha reparado el daño ni sancionado a funcionarios implicados; tampoco cuenta con una política eficaz que prevenga y evite más feminicidios. El Estado mexicano sigue siendo responsable a escala internacional”, dijo la litigante".
Reiteramos el llamado a toda la comunidad para evitar la impunidad en el crimen.
Compañeros, ya es hora de que dejemos de actuar como avestruz nalgona, que esconden la cabeza y paran la cola.
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Por qué estoy a favor de Zapata*
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Estoy a favor de Zapata. No a favor de Zapata como persona —no estoy a
favor de hombre alguno como persona—, sino de las cosas y la gente que
defiende Za...
orgullosamente ajeno al falso puritanismo academicista que sirve de mascara, de escudo, a un apoliticismo que justifica con el silencio cómplice, “apartidista”, la política neoliberal que atenta contra los derechos del pueblo a la educación científica, laica, gratuita y critica. heredero y continuador de la revolución mexicana
¿POR QUÉ SOCIALISMO? Durante décadas los guardianes del sistema capitalista han creado una imagen falsa del llamado genio de la humanidad, Albert Einstein: Lo presentan como un científico ajeno a la sociedad y a la política. Esto conviene a muchos intelectuales que pretenden justificar su “apoliticismo” diciendo de manera tramposa que ellos son científicos y por lo tanto apolíticos. Nada más lejano a la verdad. No hay ciencia que sea ajena a la sociedad, no hay ciencia imparcial. Reproducimos a continuación un artículo de Einstein que responde a la pregunta ¿Qué hacer para resolver los problemas de la humanidad? Su respuesta es clara y contundente, totalmente ajena al apoliticismo ramplón: El Socialismo. "¿Por qué socialismo?", artículo redactado de puño y letra por Albert Einstein fue publicado en 1949 en Monthly Review en New York cuando todavía vivía, y responde a los problemas sociales con magistral sabiduría, en momentos en que el capitalismo enseña toda su podredumbre y está en crisis mundial.
¿POR QUE SOCIALISMO? ¿Debe quien no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que sí. Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no haya diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil porque la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana —como es bien sabido— ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social. Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó «la fase depredadora» del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro. En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por sí mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y —si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos— son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad. Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: «¿Por qué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?» Estoy seguro de que hace tan solo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida? Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples. El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente la existencia de estos diferentes y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto «sociedad» significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por sí mismo; pero él depende tanto de la sociedad —en su existencia física, intelectual, y emocional— que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la «sociedad» la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra «sociedad». Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido —exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral han hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos. El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos. Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos —que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos— en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es solo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo. Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad. La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo —no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción —es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional— puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares. En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré «trabajadores» a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción — aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es «libre», lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto. El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos. La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de «contrato de trabajo libre» para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo «puro». La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un «ejército de parados». El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a esa amputación de la conciencia social de los individuos que mencioné antes. Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura. Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males: el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual. Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?